viernes, 10 de julio de 2015

HOY UNA SONRISA PARA TI

 Me vais a permitir que hoy haga un regalo a una seguidora especial de Mamá Pata.
 Es una persona que hace años sigue este blog, y que últimamente no leo ningún mensaje de ella. Hoy me encontré a su hermana que es a la que yo conozco y aprecio y que con la que cuando nos vemos dos minutos por la calle nos echamos unas risas.
 Me dijo lo bien que se lo pasa leyéndome.
 Yo me hice un poco la chulita, nos despedimos no sin antes mandar recuerdos, y me quedé pensando...
 Me miré las uñas recién pintadas.
 JAMÁS me pinté las uñas, NUNCA. Y os voy a contar el por qué.
 Mi estilo de vida es más bien...de poca vida.
 Eso suena fatal, y seguro que no me voy a explicar bien.
 De casa al cole, del cole a casa, de casa al trabajo, del trabajo a casa, huerta,niños, monte, trabajo,niños, trabajo, huerta, monte, niños....
 En mi vida no hay espacio para uñas pintadas, es difícil limpiar un gallinero con las uñas pintadas, lo siento, seguramente alguien lo haga, pero para mi es bastante complicado que no se borren.
 Mi trabajo de cara al público tampoco requiere que lleve tacones, ni que vaya de ojo pintado, con lo cual, el pelo recogido es comodísimo...
 Pero un día mi amiga Amancia, me reprochó que era un desastre vistiendo (siempre fue un poco exagerada), y que mi pelo era reseco (le llamó).
 Eso unido a que mi jefe me dijo que fuese a una reunión a Madrid, que iba a estar todo el equipo, que era obligatorio ir, y que ya me había cogido los billetes... me hizo reflexionar.
 Aun por encima para animarme me manda una fotografía de algún miembro del equipo.
 Ufff, esto de tener teléfono móvil con pantalla del tamaño del televisor de mi habitación, hizo que pudiera ver con detenimiento cada detalle de la fotografía.
 Madre mía.
 Si yo fuese invitada a la boda de Kate Middelton, no iría tan elegante. Esos tacones, esas melenas, esas uñas pintadas...
 Tenía dos días para ponerme las pilas,
 Lo primero comprar ropa, de eso se encargó mi amiga Amancia, segundo los zapatos, tercero hidratante, peluquería... manicura...
 Ya estaba lista.
 Salí de casa tempranísimo, no había amanecido, pero aún así como siempre llegaba tarde, me despedí de mi marido, que me miró de arriba abajo con cara rara y me largué corriendo.
 Ya relajada, me felicité a mi misma por haber cogido unas baiarinas para el viaje, y ese mono tan chulo que disimula fenomenal... no es que tenga nada que disimular, pero para cuando me haga falta.
 Llegó el momento de encontrarme con todos, que habían llegado antes que yo, me fui al baño, guardé las bailarinas y me puse tacones.
 Grrrr, cómo demonios se anda con ésto.
 Grrrr, cómo demonios se anda con ésto, con esta maleta y con este calor.
 Grrrr, cómo demonios se anda con ésto, con esta maleta, con este calor y con una sonrisa.
 Al fin llegué.
 Estaba deseando conocer al resto del equipo con el que hablo diariamente mil veces y que nunca había visto, sobre todo a las de la foto monísimas, estilosísimas y encantadorísimas.
 Después de todas las presentaciones, besos y abrazos, la rubia de piernas interminables me lleva hacia un lado y me susurra al oído...
 _ La cremallera...
 Casi muero,
 De verdad.
 Los oídos me empezaron a hacer piiiiiiiiiii, y eso es peligroso, porque ya no doy pie con bola. No oigo y empiezo a tartamudear, es horrible.
 Mi precioso y estiloso mono tenía por detrás una cremallera desde el medio de la espalda hasta la mitad del culo que no se me ocurrió cerrar, y que fue así todo el día.
 Ufff en fin.
 Espero querida seguidora que te haya sacado una sonrisa, hoy era mi misión, me siento obligada aunque sea contando chorradas.
 Espabila y ponte buena que nos tenemos que tomar un café.


 

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